Los grandes bancos van a tener que cambiar su modelo de negocio, y deben hacerlo ya. No les queda más remedio que adaptarse a las nuevas generaciones que ya están, o estarán muy pronto, en el mercado laboral.

Nos encontramos con un cambio de modelo provocado por los centennials, también conocidos como Generación Z, nacidos alrededor del año 2000, y los millennials, nacidos en los años ochenta. Ahora los bancos saben que tienen que ponerse las pilas, porque estos millennials serán más del cincuenta por ciento de la fuerza laboral en 2025.

Lo que la banca se está encontrando es lo mismo que ocurrió hace unos años con el comercio tradicional, principalmente la venta minorista o retail, y la aparición del comercio electrónico, también conocido como ecommerce. Ahora mismo ni El Corte Inglés ni Zara (o cualquiera de las empresas del grupo Inditex) temen que les coloquen unos grandes almacenes al lado, sino que lo que realmente les da pavor es que aparezcan unos jovencitos que monten un ecommerce y les coman buena parte de su cuota de mercado.

Algo parecido ocurre con los bancos tradicionales, que no se tienen demasiado miedo entre sí, pero les entra el sudor frío solo de pensar en la aparición de una fintech. Esta palabra proviene de Financial Technology, que en español significa tecnología financiera. Se trata de una industria que aplica nuevas tecnologías a las diferentes actividades financieras y de inversión.

Por eso, podría ser un buen momento para redefinir el significado de la palabra banco y, sobre todo, esa estrategia de cara a los próximos años, una estrategia a corto y medio plazo. Porque plantearse algo a veinte años vista es una locura y una insensatez, ya que todo cambia tan rápidamente que difícilmente podemos hacer frente al corto plazo.

Aunque ellos lo nieguen, los bancos tradicionales ya tienen miedo a las tecnológicas sin que estas hayan empezado a actuar (Google, Apple, Facebook y Amazon, entre otras).

Todo indica que el banco de dentro de cinco años no ganará dinero con los préstamos personales o las hipotecas. Eso seguirá ahí, pero tendrá que encontrar otras formas de generar beneficios.

Porque las empresas tecnológicas empiezan a entrar en el mundo tradicional de las finanzas. El famoso big data, esos grandes volúmenes de datos, encuentra aquí una de sus razones de ser, porque estas compañías tienen tal cantidad de datos sobre los usuarios, y tan segmentados, que entrar en el mercado financiero no les va a resultar especialmente difícil. Y más teniendo en cuenta que son estas compañías tecnológicas las que realmente saben tratar a los millennials y centennials, como ellos quieren ser tratados.

Estas generaciones están acostumbradas a ser tratadas como clientes digitales de las empresas tecnológicas y, como no podía ser de otra manera, esperan el mismo trato en las finanzas. Ese es el principal reto al que se enfrentan los bancos tradicionales, captar a estos nuevos clientes o no perderlos si es que ya los tienen.

Las nuevas generaciones no solo buscan la rentabilidad en sus inversiones, sino algo más. Quieren que se les escuche y se les ofrezcan productos con alguna finalidad social, demandan artículos sostenibles y rechazan invertir en mercados como, por ejemplo, el del carbón.

Esta situación ha llevado a los grandes bancos a una apuesta por la digitalización, a la búsqueda de nuevas oportunidades y la creación de alianzas impensables hasta ahora. Como ejemplo nos encontramos con modelos como Apple Pay, Google Pay o Samsung Pay.

Y luego está la última parte de la estrategia de los bancos, la más sencilla, porque solo necesita tirar de talonario: comprar toda fintech que se ponga a tiro. Cierto que tienen dinero y pueden gastarlo comprando empresas, pero hay que mirar más allá porque esto es pan para hoy y hambre para mañana. No se puede estar gastando y comprando constantemente, hay que innovar.