Y la volví a fastidiar…

meti la pata

Nada, que no aprendemos. Que nos tropezamos con una piedra, una, dos, tres y hasta diez veces y seguimos igual. Mira que tengo dicho a diestro y siniestro que hay que cuidar la forma en que vamos vestidos según a quién queramos venderle una cosa u otra. Pues nada, que ni por esas. El otro día la volví a fastidiar, y todo por ir de listo.

Fui a visitar a un ejecutivo al que prácticamente le tenía vendidos unos cursos de formación de los que imparto y una asesoría para mejorar sus habilidades de comunicación. Como después de verle a él me iba a trabajar hasta las tres de la madrugada decidí llevar algo cómodo: pantalones vaqueros bastante usados y zapatillas de tela sin calcetines.

En cuanto entré en su oficina me percaté de que la había fastidiado. Él llevaba un traje impoluto con la corbata bien colocada y ajustada, todo lo contrario que yo. ¡Cómo le iba a vender comunicación a un señor que me estaba dando una lección precisamente de eso, de comunicación no verbal!

Le conté mi actividad y las posibilidades de colaboración que teníamos y él muy atento me escuchó. Quedamos en que le enviaría lo que habíamos hablado y las diferentes ofertas por email, lo que hice al día siguiente a media mañana. No era cuestión de mandárselo nada más terminar la reunión para que no viese que yo tenía mucho interés. Hay que dejar pasar un tiempo prudencial para no parecer desesperado y que no intenten negociar a la baja.

Le envié el correo y hasta hoy. Estoy convencido de que no me ha llamado por ir en vaqueros. Vaya tontería, ¿verdad? Pues sí, la primera impresión que le causé no debió ser buena y eso me fastidió el negocio. A ver si aprendo de una vez.

Esto en realidad no ocurrió, pero fue una pesadilla que me persiguió durante cuatro días seguidos. En ese sueño me veía haciendo el ridículo, dando un curso de formación a altos ejecutivos trajeados, a los que yo estaba formando, en pantalones cortos de verano. No es que no podamos ir con esa ropa, pero lo cierto es que esa ropa es para unos momentos determinados.

Alguien puede imaginarse al Rey entregando unos premios a la innovación o la gestión empresarial en pantalón corto. O alguien puede imaginarle participando en una regata con traje y corbata. Hay que saber cómo actuar en cada momento. No desentonar. Eso de que el hábito no hace al monje es cierto, pero ayuda.

Espero que tengas buenas vacaciones. Yo me voy. Bueno, en realidad voy a pasar el verano preparando un taller de marca personal que queremos lanzar en octubre.
Felices vacaciones.

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Esta entrada no sirve de mucho sin el resto de las anteriores ni de las posteriores. Una campaña de comunicación no es una acción aislada sino un conjunto de estrategias que nos llevan a un mismo fin: lograr visibilidad.
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