¿Tienes que presentar un acto?

presentar un acto

Imagina que te llama tu jefe y para darte una alegría te dice que la semana que viene hay una convención de la empresa y tú serás el encargado de presentar el acto. Vendrán directivos de alto y medio rango de toda la compañía. Más de cien personas observándote en un escenario. Doscientos ojos escrutando lo que haces y doscientos oídos escuchando cada una de tus palabras.

Lo primero que sientes es cómo se te cae el cielo encima. Te acaban de hundir en la más absoluta de las miserias. Como no te ves capaz de tamaño esfuerzo, solo comparable a los trabajos de Hércules, intentas explicarle a al capullo de tu jefe que no puedes hacerlo porque nunca lo has hecho, y no tienes ni idea de cómo hacerlo. Tu jefe te mira con mucho cariño y afecto, te da una palmada en la espalda y cuando piensas que ya le has convencido te dice que lo importante es “repartir juego”, que él no quiere copar la atención de todos y que pretende que sus empelados más fieles y competentes (desgraciadamente ese parece ser tu caso) sean los protagonistas de este tipo de actos. Te vuelve a hundir más en la miseria, si cabe.

Ante este argumento no tienes nada que responder, excepto darle las gracias por la confianza. Aunque en el fondo, y no tan en el fondo, tú tienes muy claro que lo que querrías es darle una patada en salva sea la parte o una somanta de leches, porque lo que tu jefe ha hecho es, simplemente, quitarse el marrón de encima. Y te lo ha colocado a ti, “pringao”.

El asunto no tiene remedio. Vas a tener que hacer de maestro de ceremonias. No solo tendrás que contar las bondades de la empresa, lo bien que van los números porque habéis logrado salir de la crisis, sino que, además, tendrás que introducir a otras personas que van a hablar durante unos minutos.

En un alarde de ingenio imaginativo lo primero que haces es ir a “san Google” y preguntarle “cómo se presenta un evento de empresa”. Bueno, eso es lo que has hecho tú y lo que hace todo el mundo. Y “san Google”, que es tan eficiente como tu jefe espera que lo seas tú, te da unos 37.700.000 resultados en 0,38 segundos. Demasiados, ¿verdad? Vuelves a intentarlo con una pregunta un poco más selectiva: “cómo se presenta un evento de empresa sin tener ni idea”. Ahora los resultados se reducen considerablemente; solo 1.400.000 en 0,46 segundos. ¡Pero mira que eficiente es este Google!

El problema es que el buscador te ofrece tantas posibilidades y tan variopintas que no sabes qué hacer. El primero de ellos es: “¿Qué tengo que hacer para empezar un negocio desde cero?”. No te sirve. Empezamos mal y seguimos peor.

Decides cambiar de táctica y te vas a YouTube, a ver si encuentras algún vídeo que te aporte alguna idea o conocimiento. Solo 276.000 resultados, en menos de un segundo. Aunque tampoco te va a servir de mucho porque le primer resultado te enseña a hacer el elevator pitch, pero no a presentar un acto. El tercero te resulta gracioso, viene de México: “Stripper se presenta en un evento de mujeres del PAN”. Esto no funciona.

Habrá que seguir buscando, Y sigues buscando, pero no encuentras nada que colme tus expectativas. Así que te decides a preguntar a un profesional que se dedica a enseñar a la gente a hablar en público, presentar eventos y zarandajas similares. Es amigo de un amigo de un amigo y te va a hacer el favor de explicarte cómo se hace.

Quedáis a tomar un café en el VIPS de Alcalá 80 (es como mi segunda oficina) y le explicas tu problema. El tío, que no sabes si es un “cachondo mental” o un hijo de mala madre con muy mala leche, se empieza a partir de risa y cuanto más angustiado te ve más se cachondea. Tú, ya un poco mosqueado, le preguntas qué pasa. Y él con cara de cariño, comprensión y pena te dice que te estás preocupando en exceso.

Nadie va a buscar tus puntos flojos, ni va a dedicarse a criticarte. Lo que tienes que hacer es elaborar un guión, con letras grandes, Arial tipo 22, por ejemplo (es lo que siempre hago para no tener que ponerme las gafas). En el guion introduces alguna anécdota en la que se puedan sentir reflejados tus compañeros; si es algo gracioso mejor, pero procura asegurarte de que si afecta a algún compañero nadie pueda identificarle.

Una vez hecho el guión lo repasas, te coges un rotulador y marcas las partes importantes, palabras o conceptos que te pueden servir si te pierdes en la lectura. Lo ideal es que no leas sino que con esas partes destacadas vayas hablando con naturalidad, aunque si estás muy asustado y ves que te vas a perder es mejor que leas, pero despacio. Corta la lectura diferenciando sujeto, verbo y predicado. No se nota que lo estas cortando y suena casi como si lo estuvieses contando. Ni se te ocurra hacer frases subordinadas.

Si te equivocas al pronunciar una palabra, no pasa nada. Vuelve a decirla y punto. Se supone que estás contando algo y cuando cuentas algo a veces de comes unas letras y lo repites para que quede claro. Recuerda que no eres un presentador profesional y tienes derecho a rectificar. Los que presentamos eventos de forma profesional también tenemos ese derecho, porque todos somos humanos. Ya sabes, errar es humano y rectificar de sabios.

Te lees el guión varias veces, se lo enseñas a tu jefe por si quiere añadir algo y con el visto bueno definitivo te lo intentas aprender de memoria. No para que lo leas sino para que tengas control sobre todo el evento que vas a presentar.

Una vez hecho esto el amigo del amigo de tu amigo te dice lo más importante de todo. No te preocupes si cometes un error o varios porque nadie lo va a recordar al día siguiente a no ser que se te caigan los pantalones y te quedes en calzoncillos, algo que no parece probable que suceda.
El amigo del amigo de tu amigo te da el consejo final. No te pongas nerviosos porque todos los que te estarán escuchando seguro que están pensando que menos mal que no le ha tocado a ellos hacer la presentación, porque no habrían sido capaces. Menudo marrón les habría caído si se lo hubiesen encargado a ellos. Sin comerlo ni beberlo te los has puesto a todos de tu lado y lo normal es que al final del acto todos comenten lo bien que lo has hecho, aunque no lo hayas hecho bien. Pero ellos tendrán esa percepción simplemente porque eres tú el que se ha comido el marrón. Inconscientemente se sienten aliviados.

Tus compañeros no están mirando a ver en qué te equivocas, sino pensando en el final de acto, cuando vienen los canapés y la charla con aquel compañero al que no ven desde hace meses porque está en otra provincia. O quizá se hayan pasado todo el acto jugando con su móvil.

No ven tus errores, si es que los tienes, solo ven que no son ellos los que se han comido ese marrón. Solo por eso, si no se te caen los pantalones, habrás salido con éxito de la prueba. Y tu jefe estará encantado, tan encantado que, probablemente, la próxima vez también te comas otro marrón. Para ser la primera vez ha estado bien, pero ahora sí tienes que prepararte y aprender a hablar en público. Porque no se trata solo de salir del paso sino de gustar, remover sus corazones y sus sentimientos. Ganártelos.
No ha sido difícil, ¿verdad?

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