¿Te has preguntado por qué no tienes carisma? ¿Por qué te falta magnetismo personal?

carisma

Cuando hablamos en público, participamos en una reunión o conocemos a alguien, lo normal es que pretendamos dejar una buena impresión sobre nosotros. El problema es que no todos podemos dejar esa buena impresión en todo el mundo, así que hay que buscar el camino adecuado para que seamos nosotros quienes dejemos ese buen sabor de boca, controlemos la reunión o triunfemos en nuestra exposición.

Es difícil, lo reconozco. Llevo años estudiando el tema y lograr transmitir ese magnetismo personal es casi un arte en el que influyen factores diversos, que podríamos agrupar en lo que se denomina lenguaje verbal y lenguaje corporal.

Hay que prepararse y no siempre lo consigues. Se trata de aprender a realizar algunas acciones que no son complicadas pero que tenemos que lograr adaptar con naturalidad a nuestra vida diaria. Por ejemplo, si queremos transmitir fuerza y poder no podemos ir cabizbajos y casi como dando pena, sino todo lo contrario, con la cabeza bien alta, en una postura similar a la que puedan tener, por ejemplo, los militares cuando desfilan.

Si lo que queremos transmitir es presencia lo que hay que hacer es lograr que la gente se sienta escuchada, que crea que es la persona más importante del mundo para nosotros en ese momento y que salga con esa buena sensación cuando acabe el encuentro. Hay una técnica para lograrlo. Lo veremos otro día.

Y si lo que queremos es transmitir humanidad, no nos queda más remedio que ponernos en la piel del otro, es decir, ser empáticos. Que se note que entendemos su situación, aunque no podamos hacer nada por mejorarla. Incluso aunque seamos los responsables de que haya empeorado.

Podemos decir que esta presencia, poder y humanidad son las tres patas sobre las que se asienta el magnetismo personal, que es lo que consigue que dejemos de ser una persona para convertirnos en una personalidad.

Y eso es algo esencial para los emprendedores, por ejemplo. O para los vendedores. Es la diferencia entre el emprendedor que tiene a un montón de inversores a las puertas de su oficina para poner dinero en su proyecto y el otro emprendedor que tiene que ir mendigando un crédito a un banco. O la diferencia que hace que un vendedor venda cinco veces más que su competencia en la misma zona.

Hay estudios que demuestran que en unos segundos nos hacemos una idea de cómo es una persona, si es agradable, trabajadora, de fiar. Es lo que se llama la primera impresión. Una primera impresión que es esencial porque si causamos una primera mala impresión va a ser muy difícil cambiar esa opinión que tienen sobre nosotros. Esa mala impresión puede durar años o, incluso, toda la vida.

Por eso hay que trabajar en temas como la mirada, el apretón de manos o la escucha activa. O cómo descubrir cuándo te están mintiendo. Es cierto que mentir es un arte, pero no es menos cierto que para descubrir al mentiroso también hay que ser un artista.

Todo esto lo iremos viendo, poco a poco, sin prisa, pero sin pausa.

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Esta entrada no sirve de mucho sin el resto de las anteriores ni de las posteriores. Una campaña de comunicación no es una acción aislada sino un conjunto de estrategias que nos llevan a un mismo fin: lograr visibilidad.
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