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¿Sabes cómo me llamo?

Si quieres hacer un buen negocio con alguien tu primera tarea es aprenderte bien su nombre, y repetirlo de vez en cuando en la conversación. Pocas cosas amamos tanto los seres humanos como escuchar nuestro nombre pronunciado por otra persona.

Pero ten mucho cuidado no sea que a José Antonio le llames Juan Antonio. Su cabreo puede ser mayúsculo. Inconscientemente habrás logrado levantar una barrera entre ambos difícil de franquear. Conseguirás que no te mire con buenos ojos. Y todo el trabajo que hayas desarrollado para  convencer a ese cliente es muy posible que se vaya por la borda por haberle cambiado el nombre.

Esto ocurre igual cuando te van a hacer una entrevista en la radio o en la televisión. Un buen consejo es que apuntes el nombre de la persona que te va a entrevistar y la emisora en la que estás. En ocasiones los nervios pueden provocar que confundamos la emisora. Imagina que para referirte a Juan de Radio Nacional le dices Pedro y recuerdas que estás en la Cadena SER. El error es dramático, habrás cabreado innecesariamente al periodista, y todo porque no has tenido la precaución de apuntar su nombre y la emisora en la que te encuentras. Sí, ya sé que es difícil confundir una emisora con otra, pero no serías el primero en hacerlo; los nervios son muy traicioneros.

Si en vez de una entrevista es una mesa redonda o un debate, lo que te recomiendo es que apuntes no solo el nombre del moderador y de la emisora sino también el de todos los que participan. Así podrás citar a alguno de ellos en tus respuestas. Dará la sensación de que estás muy pendiente y la audiencia tendrá la impresión de que eres una persona seria y fiable.

Ya ves, ¡qué cosa más simple! Y solo por decir el nombre de cada uno correctamente.

Hace unos años la universidad británica de Newcastle hizo un estudio. Fue en 2009 y quedó demostrado que si llamas a una vaca por su nombre dará más leche. Las vacas que fueron sometidas al estudio dieron hasta 250 litros de leche más al año. También influye cómo se trate al animal. Una vaca tratada con respeto experimentará mayor relajación y bienestar. Esto es positivo para el animal y para el granjero, ya que logrará mejorar la producción.

Además, un 66 por ciento de los ganaderos aseguró conocer a todas las vacas de su rebaño, mientras que para un 48 por ciento el contacto humano resultaba imprescindible para procurar consolidar un temperamento más dócil entre sus reses a la hora de ser ordeñadas.

Y el 46 por ciento comprobó que llamando a cada vaca por su nombre propio conseguía aumentar el rendimiento de estos bovinos en varias decenas de litros de leche anuales.

Existen estudios que dicen que cuando alguien nos llama por nuestro nombre, una parte de nosotros se siente reconocida y hace que nuestras defensas se caigan y estemos más abiertos.

Recuerda que hace unas semanas te hablé del carisma de la humanidad. Pues eso… ¡Ya lo sabes, aplícate el cuento!

 

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Esta entrada no sirve de mucho sin el resto de las anteriores ni de las posteriores. Una campaña de comunicación no es una acción aislada sino un conjunto de estrategias que nos llevan a un mismo fin: lograr visibilidad.

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