¿Qué he hecho mal?

que he hecho mal

Hace unos días presenté un evento organizado por el Club del Emprendimiento sobre financiación. Allí me contactó un emprendedor que tiene una idea y quiere ponerla en marcha, pero no tiene dinero.

Quedamos en que nos veríamos algunos días después. Concertamos una cita y me vino a visitar. Me pidió que le dijese en qué estaba fallando porque el negocio no salía adelante. No era capaz de conseguir financiación.

Le expliqué que así, de pronto, no podía decirle en qué estaba fallando. Primero tenía que ver cómo se maneja y sus carencias y virtudes para reducir las primeras y potenciar las segundas.

Para poder analizar todo esto y darle un diagnóstico, previamente tendría que estar con él un par de días, y eso le costaría un dinero del que no dispone. Mis hijos también comen. Él necesitaba imperiosamente encontrar una solución alternativa para intentar saber en qué estaba fallando.

No obstante le pedí que me explicase su modelo de negocio. Así, de pronto, comprobé que había algunos errores. Por ejemplo, tenía pensado competir con grandes marcas nacionales que ofrecen ese mismo servicio de forma gratuita. ¿Cómo voy a pagar a alguien a quien no conozco por algo que una gran empresa, de reconocido prestigio, te ofrece gratis como parte de sus servicios?

Ese es el primer error, y grave, que pude ver. Pero había algunos más en los que no voy a entrar. No obstante, como lo que él quería era financiación, saqué el móvil, tiré de agenda, y llamé a un inversor para que le contase su iniciativa. A partir de aquí ya no quise saber más del tema; si se ponen de acuerdo o no es cosa de ellos.

Pero lo que sí le recomendé es que cuando fuese a ver a algún posible inversor hiciese antes los deberes. Es decir, que se enterase de qué tipo de inversor se trata, cuáles son sus gustos, y que estudiase su perfil en LinkedIn y el resto de sus redes sociales. Todo ello para saber cómo dirigirse a él, o ella.

Esto se hace para que podamos empalizar con nuestro interlocutor. Si sabemos ponernos en su piel será más fácil que lleguemos a un acuerdo. Información sobre su vida profesional y personal no viene mal. No se trata de cotilleos sino de saber si tiene hijos, cuántos, de qué edades y otros temas de los que podamos charlar con él antes de entrar en materia.

Porque al final empatizamos con la gente gracias a las emociones: eres de mi mismo pueblo, de mi mismo equipo, de mi mismo partido político, te gusta el mismo deporte que a mí o tienes hijos de edades similares a los míos.

Por eso parece esencial que intentes saber cuanto más mejor de la persona a la que le vas a pedir dinero. Para ello, recuerda, hay que hacer los deberes.

Y no te olvides de la comunicación no verbal. Por mucho que el Atlético de Madrid sea para ti el mejor equipo del mundo, no lleves ninguna pegatina de él, no sea que el que tiene que darte el dinero sea del equipo que acaba de recibir una paliza monumental de los rojiblancos. Sé prudente.

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Esta entrada no sirve de mucho sin el resto de las anteriores ni de las posteriores. Una campaña de comunicación no es una acción aislada sino un conjunto de estrategias que nos llevan a un mismo fin: lograr presencia mediática.
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