No me invites a comer, prefiero que….

cuentame algo interesanteNo pasa una semana sin recibir una o dos invitaciones para comer en buenos restaurantes. Imagino que en muchos de ellos el cubierto cuesta cerca de los cien euros, o más. A un periodista le invitan a estos saraos porque el que paga la cuenta tiene interés en lograr presencia mediática, y piensa que así será más fácil. Eso se intenta con todo bicho viviente (léase periodista) que tenga la posibilidad de dar visibilidad a alguien interesado en lograrla.

Lo que muchas veces desconoce el que pretende tirar de chequera es que a muchos no nos gusta comer fuera de casa o de nuestro entorno habitual. En mi caso, no me gusta hacerlo fuera de mi casa y solo lo hago de forma excepcional, muy excepcional.

Lo cierto es que lo tengo bastante fácil para evitar esas comidas. Como me sobra algún kilo (bueno, alguno no, bastantes), digo que estoy a dieta y no puedo comer fuera de casa, que lo cambiamos por un café. Y nos tomamos ese café y me pueden contar su historia.

En el último mes he rechazado más de diez invitaciones para estas comidas de trabajo. Cierto es que la gente, por regla general, lo hace con buena voluntad. Probablemente piensan que si a un periodista le invitan a un buen almuerzo o cena va a ser más fácil que salgan en su medio. Entre otras razones porque durante la comida le van a estar bombardeando con las bondades de su tema.

Pero hay un problema, porque por muy ricos que estén esos manjares, lo que realmente tiene que ser bueno es tu historia.

A un periodista mejor que invitarle a comer ofrécele un buen tema para que pueda sacarlo en su medio. No le interesa otra cosa. El periodista lo que quiere es hacer bien su trabajo, por regla general. Y solo lo hará bien si cuenta cosas interesantes. Si está en un medio impreso, véndele una historia que devoren sus lectores. Si está en una radio o televisión, haz lo mismo.

Dale algo interesante para que quien esté oyendo o viendo ese programa no cambie de cadena.

Hay quien piensa que con invitar a un periodista a comer, hacerle un regalo o algo parecido ya tiene garantizada su presencia en ese medio. No digo que no haya gente que lo haga, que en todas las profesiones hay de todo, pero no es lo habitual. En todo caso, será la excepción que confirme la regla.

Un periodista quiere hacer bien su labor y mantener su puesto de trabajo, y más en estos tiempos de crisis que corren. Y no se va a jugar su empleo por sacar historias que no interesan a nadie. Solo sacará lo que considere que es atractivo para el público que le sigue. Ya sea prensa escrita, radio, televisión o cualquier otro formato.

Por eso, por favor, no me invites a comer, mejor cuéntame una buena historia…

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Esta entrada no sirve de mucho sin el resto de las anteriores ni de las posteriores. Una campaña de comunicación no es una acción aislada sino un conjunto de estrategias que nos llevan a un mismo fin: lograr presencia mediática.
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