Lo bueno si breve, dos veces bueno… … y lo malo, si breve, menos malo.

Es algo que enseño en todos mis talleres a las personas que quieren hablar en público o a los ejecutivos y personajes públicos que quieren saber cómo manejarse frente a una pantalla de televisión o un micrófono de radio.

La regla de oro es la siguiente: más es menos y menos es más. Es decir, si puedes contar algo en veinte palabras no utilices doscientas. Es cierto que el ego nos lleva a pensar que cuanto más hablemos más triunfamos, pero es un error tremendo. Muchas veces mientras hablamos otros piensas que esto es aburrido. Y ahora ya ni siquiera tienen que dormirse, se dedican a navegar con el móvil o la tableta y todos contentos.

Leyendo un libro titulado “El pequeño libro del talento”, de Tom Peters, editado por Conecta, me he topado con la historia de un tipo que me permite reafirmarme en mi postura.

Resulta que John Wooden, el entrenador de baloncesto de UCLA, a quien se considera uno de los mejores maestros todos los tiempos fue objeto de seguimiento durante un año entero. En ese tiempo fue grabado cada vez que le hablaba a su equipo.

Lo cierto es que el tal Wooden era de los de “menos es más”. Hablaba poco, lo justo. Nada de largos discursos. De hecho, sus frases duraban un suspiro, apenas cuatro segundos.

Y esto evidencia una gran verdad, según nos cuenta Tom Peters: enseñar no es entrar en una competición de elocuencia, sino crear una conexión y transmitir una información útil.

Y con eso está todo dicho.

@jromero_tv