humildad

Humildad, divino tesoro

Dicen que para hablar en público y comunicar adecuadamente hay que saber mucho; bueno, es posible. También dicen que hay que prepararse muy bien el tema; cierto. Y otros aseguran que hay que lograr captar la atención del público; evidente, si no despiertas interés el público se aburrirá y se dedicará a jugar con el móvil, que para eso se han inventado estos aparatitos.

Pero hay algo más. Si bien es cierto que saber del tema del que hablamos, prepararse para esa conferencia y captar la atención del público es importante, para triunfar hace falta algo más.

Hace falta el factor humano, la empatía y, sobre todo, la humildad. Una persona humilde que habla a quienes tiene delante, de tú a tú, sin mirarles por encima del hombro, es alguien que tiene buena parte del camino recorrido.

Ser humilde no significa ser sumiso. Hay que ser humilde, pero sabiendo estar en nuestro sitio. Que yo sepa mucho de un tema no significa que tenga que tratar a mis interlocutores como si no tuviesen la más remota idea de esas cuestiones, aunque puede que no la tengan.

Ser humilde es tratar a los otros con respeto, decir las cosas como son, sin esconder nuestras virtudes, que para eso las tenemos, pero pensando que también tenemos un buen puñado de defectos.

Si somos capaces de transmitir las cosas con humildad y respeto, habremos triunfado. Si no somos capaces, puede que la conferencia no haya ido mal del todo, pero ni por asomo habremos rematado la faena.

A lo largo de mi vida profesional he tenido mucha suerte con esto de la humildad. En el día a día no he tenido que sufrir a ningún compañero o jefe ególatra de esos que tienen la absoluta certeza de que el mundo gira y tiene que girar alrededor de ellos.

Casi siempre he trabajado con gente humilde, sensata. Unos sabían mucho más que yo y otros algo menos. Pero manteniendo una relación de igual a igual, de respeto; aunque uno sea jefe y otro subordinado, todo ha ido bien.

En una conferencia ocurre algo parecido, porque tenemos que ponernos a la altura de nuestro público, transmitirle nuestros conocimientos pero estando a su lado, no por encima de él.

Debemos conseguir que esas personas que nos están escuchando se identifiquen con nosotros, y solo lo lograremos si somos capaces de identificarnos con ellos. Nosotros no somos más que ellos, ni menos; somos iguales. Todos tenemos problemas y alegrías, y todos vamos a acabar al final en el mismo sitio, sin llevarnos nada al otro barrio; al menos, nada material.

Somos gente normal que habla a gente normal. Si nos convertimos en gente excepcional que hablamos a gente normal, habremos fracasado porque nuestro mensaje no llegará a su destino de la forma que querremos que llegue.

Sé humilde, piensa que hoy eres el ministro de tal o cual materia y mañana el presidente del Gobierno te puede mandar de patitas a la calle. Piensa que puedes ser el director de un gran periódico y cuando menos te lo esperes el consejo de administración te puede cesar. Piensa que puedes ser el director y presentador del programa de máxima audiencia de la televisión en España y al día siguiente perder el favor de la audiencia, y estar en el paro.

Se humilde y si ves que alguna vez yo no lo soy, algo posible aunque espero que no probable, dímelo.

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Esta entrada no sirve de mucho sin el resto de las anteriores ni de las posteriores. Una campaña de comunicación no es una acción aislada sino un conjunto de estrategias que nos llevan a un mismo fin: lograr presencia mediática.
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