Empieza arrollando

empieza arrollando

Si vas a hablar en público no te queda más remedio que centrar todo tu esfuerzo en intentar lograr su atención en los primeros 90 segundos. Bueno, me da igual 90 segundos que un minuto o dos minutos. El tiempo no es exacto. Dure unos segundos más o menos ese momento de intensidad comunicativa, lo que sí tienes que conseguir es despertar el interés por escuchar más de ese tema. Si lo logras tendrás una buena parte de la batalla ganada. Si no lo consigues es posible que pierdas esa guerra. Piensa que si no captas mi atención al principio, automáticamente echaré mano al bolsillo, sacaré el móvil y me pondré a tuitear, chatear, ver la prensa del día o jugar con alguna aplicación; cualquier cosa menos escuchar ese rollo.

Y será muy difícil que en otro momento logres captar mi interés, aunque no imposible.

Debes tener en cuenta que ese interés de la gente cuando hablamos en público, ante grandes o pequeñas audiencias, es fluctuante; hay momentos de gran intensidad y otros en los que nos dispersamos porque lo que está contando el que habla no nos resulta interesante.

Ese gráfico imaginario donde ves que el interés sube o baja, sin saber muy bien cómo, tiene que servirte para ver en qué momentos puedes intentar recuperar la atención de la gente que supuestamente te está escuchando.

Un buen comienzo es el principio de una presentación exitosa. Pero no solo es necesario empezar bien, sino que también hay que seguir por ese mismo camino. Si comienzas bien pero sigues mal es como si hubieses empezado mal. Piensa que los seres humanos tenemos tendencia a recordar lo último y, por tanto, eso último tiene que ser mejor que lo primero.

Tenemos ya dos de las tres partes de nuestro discurso. El inicio, que será tan exitoso como capaz seas de captar la atención en un primer momento. Y en segundo lugar el desarrollo o contenido de esa charla, que ocupa más del ochenta por ciento del total de tu disertación. Pero te queda algo más, lo más importante, la conclusión. Un buen cierre de tu discurso que deje un buen sabor de boca.

Esa conclusión tiene que lograr que la gente salga de allí encantada con lo que has contado. No te sirve cualquier conclusión, hay que buscar algo excepcional.
Imagina que has logrado atraer la atención al principio y mantenerla durante toda tu charla. Bien, pues llega el momento de rematar la faena. Si lo logras, habrás triunfado, pero si no lo consigues tu fracaso habrá sido completo. Por muy bien que lo hayas hecho durante hora y media, si en los dos últimos minutos la fastidias, la imagen que transmitirás será la del fracaso.

La diferencia entre uno y otro está en que la gente salga diciendo “pero qué bien que lo ha hecho, cuánto sabe, ha sido magnífico” o que salga diciendo que “no ha estado mal pero… no me acaba de convencer”.

Tú elijes. Si quieres lo primero tienes que trabajártelo, prepararte y ensayar. Y no improvises. No olvides que la mejor improvisación es la que se ha preparado previa y concienzudamente.

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Esta entrada no sirve de mucho sin el resto de las anteriores ni de las posteriores. Una campaña de comunicación no es una acción aislada sino un conjunto de estrategias que nos llevan a un mismo fin: lograr presencia mediática.
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