El sábado no hay ordenador

Llega un momento en el que tenemos que poner una raya que no se debe cruzar. Bien está que trabajemos, que trabajemos mucho, pero también hay que descansar. Nos pasamos el día enganchados al móvil y al ordenador. No paramos. Siempre recibiendo llamadas, correos y mensajes a través de WhatsApp o cualquier otro sistema de mensajería instantánea.
No somos conscientes de que tenemos que relajarnos de vez en cuando. No pasa fin de semana sin que le dediquemos unas cuantas horas al dichoso ordenador, por cuestiones de trabajo, con o sin necesidad. Y si hablo del ordenador, no quiero ni pensar en el móvil, ese aparato inteligente que nos atonta día y noche.
Por eso hay que poner límites, y para dar ejemplo he decidido no abrir el ordenador en sábado. Si hay algo urgente ya lo veré el domingo, que suelo trabajar, o el resto de la semana. La única excepción será si tengo que ir a trabajar a la redacción por alguna causa excepcional.
Ya he probado este sistema, y funciona. He pasado varios sábados enteritos sin usar el ordenador y no se ha caído el mundo. Ni siquiera me he acordado del dichoso aparatito.
Es algo que recomiendo vivamente a todos los que trabajamos con la tecnología y que nos pasamos el día recibiendo y enviando e-mails.
Es una sensación magnífica. No abro el ordenador y no pasa nada. Si lo abro, tampoco pasará nada, pero habré perdido mi apuesta conmigo mismo.
Es una forma de combatir a algunas empresas, sobre todo multinacionales, que consideran que sus trabajadores tienen que estar día y noche enganchados, a la espera de recibir un e-mail de la oficina de su ciudad o de la central de Londres o Nueva York. Se aprovechan, y mucho.
Y los sufridos trabajadores, en muchas ocasiones, no pueden hacer nada, porque si no están pendientes y disponibles día y noche les puede costar el puesto de trabajo. Algo muy peligroso en estos tiempos de crisis. Algunas grandes multinacionales lo saben y tratan a sus empleados poco menos que como esclavos.
Lo cierto es que, en estos casos, poco se puede hacer. Nuestro empleo depende de que contestemos a tiempo los requerimientos que nos hagan.
Claro que en otros trabajos, aunque se utilice la tecnología, no nos explotan los fines de semana. Somos afortunados y podemos perfectamente prescindir de estos aparatos por un día, o más.
Esto le ocurría a una amigo mío, alto directivo de una multinacional petrolera, que tiene tres teléfonos móviles. Y hasta hace poco tiempo los llevaba siempre consigo. Tenía el teléfono familiar, el de la empresa y el “teléfono rojo” de la compañía.
Después de varias conversaciones conseguí convencerle de que no había necesidad de ir todo el día con los tres móviles. Ahora cuando sale los domingos con su esposa tomar el aperitivo deja los teléfonos en casa. Me dice mi amigo que se ha quitado un peso de encima.
Yo también, porque el sábado no abro el ordenador.
@jromero_tv