El poder del uniforme

el poder de un uniforme

La semana pasada hablábamos de los tres tipos de carisma que puede tener una persona: poder, presencia y humanidad. Según en qué circunstancias nos encontremos, uno de ellos sobresaldrá sobre los otros.

Hoy te voy a hablar del poder, ese magnetismo que nos hace especiales, y temidos, que logra que seamos obedecidos sin rechistar.

El máximo exponente del poder podría ser un general frente a su ejército en un desfile militar. Todo él transmite seguridad por todo su cuerpo y consigue que sus soldados le sigan, pero no solo en el desfile sino también en la guerra. El soldado no se plantea si le va a costar la vida lo que le ha pedido su jefe; el poder del general y la autoridad que emana, o del sargento, según el caso, son tan fuertes que el soldado obedece sin rechistar.

El poder es lo que nos permite defender nuestros derechos o lo que nosotros consideramos como tales. Y esa muestra de poder se aprecia cuando andamos; no es lo mismo andar cabizbajo que con el pecho levantado y la frente en alto, mostrando seguridad en nosotros mismos. Porque es totalmente imposible que otros confíen en nosotros si nosotros mismos no confiamos o transmitimos una imagen de falta de confianza. Es lo que nos permite sobresalir de otros y defendernos.

Imaginemos que somos un gorila y que nos vemos amenazados por otros gorilas o cualquier otro tipo de animal, racional o irracional. Habitualmente andamos medio agachados con los brazos y hombros caídos y las manos casi tocando el suelo. Vamos, que damos pena. Pero cuando nos sentimos amenazados, como gorilas que somos, cambiamos nuestra actitud: levantamos todo nuestro cuerpo, sacamos pecho y lo golpeamos con nuestros puños y gritamos. Estamos transmitiendo poder y dejando claro que vamos a luchar hasta el final. Lanzamos el mensaje de que nadie puede acercarse a nosotros o intentar quitarnos lo que es nuestro.

Este poder lo vemos también en algunos políticos de relevancia, como pueda ser Barack Obama. ¿Sabes por qué transmite esa seguridad? Muy sencillo, simplemente porque es el hombre más poderoso del mundo.

Hay un estudio de la Fundación Stanford Gruenfeld que señala que la gente que asume posturas expansivas (cogiendo más espacio, como hace nuestro gorila) experimenta un cambio psicológico que se puede medir y que tiene sus consecuencias. Una postura de poder te puede hacer sentir más confiado y poderoso. Y eso se lo transmites a los que están a tu alrededor. Transmitírselo a los que están a tu alrededor no significa que solo lo perciban los que están en la misma sala que tú o en el mismo evento, sino a todos aquellos que te ven, aunque sea a miles de kilómetros, a través de la televisión, por ejemplo.

Según te vas sintiendo más poderoso, tu lenguaje no verbal se va adaptando a ello. Es como un ciclo, la pescadilla que se muerde la cola. Lo único que tienes que hacer es iniciar el ciclo y el cambio se irá produciendo sin que te des cuenta. Tenemos que adaptarlo a nuestra vida diaria, no como el gorila, pero sí como el general cuando anda entre sus soldados; se nota quién manda sin necesidad de decir una sola palabra o amenazar a los que tenemos alrededor.
Cuando te metas en el día a día te darás cuenta de que practicar estas posturas te proporciona confianza y llega a ser algo totalmente natural.

Al principio te he hablado del general. El general no solo emana autoridad y poder por su cargo, o por su forma de hablar y moverse, sino también por cómo va vestido, su uniforme. Todo lo que lleve uniforme genera esa autoridad, poder o temor, según el caso. Un médico en vaqueros no suscita, habitualmente, la misma confianza que uno que va vestido para una operación, por ejemplo.

Un guardia urbano de la ciudad más pequeña de España sin uniforme es uno más, pero con uniforme es “la autoridad”, es a quien hay que obedecer y es la persona que puede alegrarte o amargarte el día.

Esa autoridad que generas por cómo vas vestido es parte del carisma del poder, pero solo una parte. En cualquier caso, es comunicación no verbal. Recuerda que este tipo de comunicación es más del ochenta por ciento del total de la comunicación. La otra, la verbal, lo que decimos, apenas es el veinte por ciento del total. No es lo mismo decir “alto” en bañador que con un uniforme de la guardia civil.

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Esta entrada no sirve de mucho sin el resto de las anteriores ni de las posteriores. Una campaña de comunicación no es una acción aislada sino un conjunto de estrategias que nos llevan a un mismo fin: lograr visibilidad.
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