Cuando te critican, ¿lo aceptas?

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Estamos acostumbrados a decir que hay que aceptar las críticas que nos hacen otros con deportividad, asumiendo que no somos perfectos. Pero cada vez que alguien nos critica de forma negativa nos entran los siete males.

En mis charlas me suelo llenar la boca con expresiones como empatía y humildad. La humildad es esencial para triunfar, al menos en el campo al que yo me dedico. Porque si te cataloguen como un ególatra chulín vas dado.

Por eso hay que saber aceptar esas críticas, por muy poco que nos gusten, que a nadie le agrada que le digan que algo no lo ha hecho bien.

Te pongo un ejemplo que he experimentado en mis propias carnes. Hace unos días impartí una charla en Salamanca sobre cómo lograr visibilidad en los medios. Las críticas del público asistente fueron abrumadoramente buenas y salí muy satisfecho. Sin embargo, a una señora que asistía al evento no pareció gustarle demasiado lo que dije.

Se fue a Twitter, que es lo que hacemos ahora cuando queremos poner a parir a alguien o simplemente comentar lo que nos venga en gana y dijo que durante toda mi charla me había dedicado a contar generalidades. El tuit venía a decir algo así como que me había pasado la media hora hablando de lo divino y lo humano, sin entrar en materia.

Bueno, lo cierto es que en media hora no se puede entrar mucho en materia, pero era una crítica y había que aceptarla. Decidí predicar con el ejemplo y no solo aceptar esa opinión sino difundirla yo mismo. Ni corto ni perezoso retuiteé lo que se decía de mí en un retuit. Además, luego busqué a la autora original del comentario y también lo reuiteé. Fue como una liberación. Habían dicho algo de mí que no me gustaba nada, aunque tampoco era tan grave ni para morirse, porque no le puedes gustar a todo el mundo. Decidí permitirme el lujo de ser yo mismo quien difundiese esa crítica.

En realidad me vino bien, una cura de humildad siempre se agradece. Si hubiese salido de allí solo con las críticas positivas, que eran la inmensa mayoría, podría haber sido perjudicial para mí. Todas las personas tenemos la tendencia de creernos lo buenos y maravillosos que somos y no aceptar las opiniones cuando son contrarias a nosotros. Y eso quizá sea un error.

Tan importante es que me digan que lo he hecho muy bien como que me digan que podía haberlo hecho mejor. Es más, la segunda crítica en realidad me está haciendo un favor, mucho más que la primera, porque a poco que sea capaz de aceptarla y asumirla, me ayudará a mejorar. Evitará que me lo crea. Porque ser un creído, ególatra o como prefieras llamarlo, es el primer paso para llegar a la estupidez. Y, ¿a quién le gusta tratar con estúpidos?

La estupidez es la antítesis de esa humildad que puede hacernos triunfar en nuestra profesión. O en la vida.

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Esta entrada no sirve de mucho sin el resto de las anteriores ni de las posteriores. Una campaña de comunicación no es una acción aislada sino un conjunto de estrategias que nos llevan a un mismo fin: lograr visibilidad.
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